
El escritor peruano se hizo “inmortal” en París, en una ceremonia cargada de simbolismo junto a su familia
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El jueves 9, Mario Vargas Llosa (86) ingresó a la Academia Francesa –fundada por el cardenal Richelieu en 1635– y se convirtió así en el único miembro de la prestigiosa institución que nunca publicó una obra en francés (ocupará el sillón número 18, que quedó vacío en 2019 con la muerte del filósofo Michel Serres. Su madrina fue Florence Delay y su padrino, Amin Maalouf). Emocionado, sonriente y vestido con el traje tradicional que identifica a los inmortales –la espada que completa la investidura fue fabricada en Toledo, España, por el artesano Antonio Arellano, quinta generación de espaderos, y tiene grabadas sus iniciales en la empuñadura–, el Nobel de origen peruano estuvo acompañado por sus hijos, Álvaro, Gonzalo y Morgana, algunos de sus nietos, y por su ex mujer, Patricia Llosa (78), de quien, tras su resonante ruptura con Isabel Preysler (71), parece estar cada día más cerca.

En la solemne ceremonia, en la que también dijo presente el rey emérito de España, Juan Carlos, junto a su hija, la infanta Cristina, y en la que el autor de Conversación en la Catedral recibió la ficha de asistencia a la Academia Francesa grabada con su nombre y estampada con el lema “A l’Immortalité”, Vargas Llosa dio un sentido discurso sobre la importancia de la literatura gala para correr los límites de todo lo creado antes de la Revolución francesa. Gustave Flaubert y su Madame Bovary, el libro que más lo impactó en su vida, tuvieron una mención especial.



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