
Con plantas nativas, flores elegidas para los polinizadores y algunas decisiones simples, un espacio urbano puede transformarse en un pequeño ecosistema lleno de vida
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En una terraza de apenas 60 metros cuadrados, en el corazón de Núñez, la naturaleza encontró la forma de abrirse paso. No llegó de golpe ni obedeció a un diseño rígido: fue creciendo con el tiempo, a la par de la vida de quien la habita. Como sucede con los jardines más sinceros, este también es el resultado de una historia.
Por Belén de Ancizar

