
Concebido como un espacio de experimentación paisajística, este jardín combina ambientes contrastantes que revelan nuevas perspectivas a cada paso
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Uno entra en Lur Garden creyendo que va a mirar plantas. Y, desde luego, las mira. Pero a medida que avanza descubre que lo verdaderamente interesante es la forma en que el jardín dirige la atención. Cada recorrido propone una perspectiva diferente, cada cambio de escala modifica la percepción del espacio y cada nueva escena invita a detenerse en algo que unos metros antes había pasado inadvertido.

En Oiartzun, en el País Vasco, el paisajista Íñigo Segurola Arregui ha construido, junto con su equipo, un jardín de unas dos hectáreas sobre una antigua pradera de siega. Lo que comenzó en 2013 como un espacio de experimentación para el estudio Lur Paisajistak terminó convirtiéndose en un conjunto de dieciséis jardines temáticos, de extraordinaria diversidad vegetal.


Su organización responde a una decisión singular: la forma del huevo. Las geometrías ovoidales se repiten a diferentes escalas, organizan los recorridos, definen los espacios y se trasladan incluso a la poda de los tejos. El resultado es una estructura de límites curvos donde las perspectivas cambian continuamente y resulta difícil anticipar lo que encontraremos unos pasos más adelante.


Para construir esos límites se plantaron más de 1.800 hayas, utilizadas como setos. Estas masas vegetales separan los ambientes, regulan las vistas y establecen una relación entre espacios abiertos y recintos íntimos. Son, en buena medida, la arquitectura del jardín. Además, el paisaje de bosques que rodea el pequeño valle participa visualmente de la composición y amplía los límites perceptivos del proyecto.
A partir de esa estructura común, Iñigo despliega una notable diversidad de ambientes. El Jardín de las Hojas Grandes reúne guneras, bananeros, tetrapanax y otras especies de follaje monumental que producen una vegetación exuberante, de apariencia casi tropical. Allí, el tamaño de las hojas altera nuestras referencias habituales de escala y transforma la relación física con las plantas.


En otros sectores, el color adquiere protagonismo. El Jardín Rojo reúne follajes y floraciones de esa tonalidad, mientras que el Parterre Amarillo trabaja con asociaciones de vivaces de intensa expresión estival. El Jardín de la Extravagancia lleva esa experimentación hacia combinaciones cromáticas y formas poco convencionales. Se reconoce aquí una característica del trabajo de Segurola: su disposición a explorar las posibilidades expresivas de las plantas sin limitarse a asociaciones previsibles.

El Jardín del Espejo introduce otra experiencia. Un estanque ovoide de unos veinticinco metros incorpora los reflejos a la composición, duplica parcialmente las plantaciones y modifica la percepción de los volúmenes. En el Jardín de los Musgos, inspirado en los jardines japoneses, el protagonismo pasa a las superficies bajas y a una vegetación diminuta. Después de la exuberancia de otros sectores, esta reducción de escala adquiere una intensidad particular. También las hortensias cuentan con espacios propios. Las variedades blancas permiten explorar diferencias de forma y textura dentro de una gama restringida, mientras que los azules y violetas se relacionan con helechos y bambúes para construir una atmósfera completamente distinta.

La sucesión de estos ambientes constituye uno de los mayores aciertos del proyecto de Lur Garden. Cada jardín posee un carácter reconocible, pero su verdadero valor aparece cuando se los comprende como partes de un recorrido. Las diferencias de escala, color, densidad y textura producen contrastes que difícilmente tendrían la misma fuerza si se observaran de manera aislada. Lur Garden funciona, además, como un laboratorio a cielo abierto. Allí se ensayan especies, asociaciones y técnicas de cultivo; se observa su adaptación y se evalúa su comportamiento con el paso de los años. Esa dimensión experimental revela mucho de la personalidad de Iñigo, un paisajista profundamente interesado en las plantas y dispuesto a explorar relaciones inesperadas entre ellas.


Recorrer Lur Garden permite comprender cómo se construye una experiencia paisajística. La geometría establece un orden, los setos administran las perspectivas, las plantaciones definen ambientes y los contrastes modifican la percepción del conjunto.
Al salir, se comprende que se ha recorrido mucho más que una colección de plantas. Se ha atravesado una sucesión de espacios concebidos para despertar la curiosidad y descubrir relaciones que antes no había considerado. Quizá ese sea uno de los mayores méritos de este jardín. Conseguir que, durante un rato, miremos con calidad.




