
Conversamos con el arquitecto Alberto Samudio, profundo conocedor de la arquitectura cartagenera y responsable de la puesta en valor de íconos como el convento de Santo Domingo o el Palacio de la Inquisición.
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“No hay vez que hagamos una obra de restauro que no encontremos una bala de cañón”, sonríe el arquitecto Alberto Samudio. Y no hablamos de pocas municiones: su carrera está entrelazada con los mayores hitos arquitectónicos de Cartagena, donde nació y vive. Referente absoluto en temas de restauración caribeña, entre todos los reconocimientos recibidos atesora especialmente el que le otorgó la Unesco con motivo de los veinte años de la declaración de Cartagena como Patrimonio de la Humanidad.

