
Decididos a aprovechar al máximo un lotecito en Núñez, convocaron al Estudio Bracamonte Yerba para diseñar de cero su casa familiar
“El desafío fue ‘apilar’ el programa para que todo ventile y se ilumine de forma eficiente y, al mismo tiempo, manejar la escala, porque es una casa grande”, resume el arquitecto Gonzalo Yerba, socio del estudio Bracamonte Yerba. El punto de partida era un lote chico, uno cercano a la esquina (“de los más chicos que hay en la ciudad”) que debía albergar en sus 150m² una casa familiar con living, comedor, garage, tres habitaciones y playroom, además de los servicios básicos.

“A veces cuando decís que vas a ocupar el 60% del lote con la casa y el otro 40% van a ser patios te miran raro, pero lo que termina pasando es que la decisión le da calidad a ese interior”, asegura. Cumplir con los pedidos de la familia sin resignar calidad fue parte del desafío.
“Teníamos que armar, sí o sí, unos buenos patios para ventilar y que haya asoleamiento”.

A fondo
Cuando Javier y Gonzalo, la dupla de arquitectos al frente del Estudio, visitaron por primera vez la calle Vedia, lo que encontraron no fue un baldío sino una construcción de 1940, que después de analizar y repensar decidieron demoler por su muy mal estado de conservación.

“Nosotros siempre tratamos de preservar. Yo creo que la mitad de nuestro trabajo tiene que ver con reciclar o readaptar casas o estructuras. En este caso, no tenía ningún sentido, porque no había un valor”, aseguran. Así, después de demoler la construcción existente, empezó la compleja tarea de estructurar la planta.

“Lo más lindo de la casa es que, al entrar, ya se puede ver la profundidad de todo el lote hasta el fondo. Con solo abrir la puerta de entrada uno ya recorre con la vista esos 17 metros”.

Espacio híbrido
“Hay una continuidad espacial que era muy importante, porque el lote es el más chico que uno puede encontrar. De ahí la decisión de no poner una sola puerta en toda la planta”, explican.

“Como el dueño no hace asados, el patio del fondo no tomó esa función concreta de parrilla, sino que se pensó más como un espacio con plantas y árboles”.
Lo que sí se hizo fue sectorizar la cocina, que se separó con un gran mueble que contiene todos los electrodomésticos. Siguiendo ese lenguaje, las alacenas y bajomesadas también se hicieron en enchapado de roble con mesadas en Silestone.

Momento de dispersión
No es lo mismo diseñar una casa para una familia que está empezando que para una con hijos grandes. En el caso de esta obra, se trataba de una familia que estaba entrando en “su etapa de dispersión”.

“Es una familia con tres hijos que ya están próximos a dejar la casa, con lo cual los espacios se pensaron de manera no tan específica”, explica el arquitecto. Al área social de la planta baja la suceden tres cuartos y un escritorio en la segunda planta y un tercer piso que aloja el área de servicio y un gran playroom con terrazas a ambos lados.

Lejos de los espacios inspirados en los gustos y preferencias de sus habitantes, acá se eligió deliberadamente hacer tres habitaciones con sus baños, con una sola de ellas más definida por su vestidor y baño en suite, además de la vista al patio.

“Fue un planteo un poco más genérico, porque la casa va a acompañar de alguna forma esa migración natural que se da en algún momento”.

Tradición argentina
“Por ahí lo que llama la atención es el ladrillo pintado de blanco, pero más allá del interés plástico en la textura (que nos encanta), hay cierta preocupación en una construcción tradicional nuestra que se traduce estética y técnicamente”, explican los arquitectos.

Sello del estudio, esta opción por los muros dobles de ladrillo -que ellos definen como una técnica “argenta”- tiene enormes beneficios, sobre todo en términos de climatización. En el caso de este proyecto, se acompañó de un diseño con terrazas y techos irregulares de lo más particular, estratégicamente pensado para que no pierda la escala.

En el último nivel funciona una gran sala de estar con la expansión de dos terrazas. Ubicado a la altura de la copa de los árboles, el espacio ofrece vistas únicas abiertas y llenas de verde.

“En verano abren las ventanas y pueden salir al frente o al contrafrente, según el momento del día y la luz”, explican. Con sus techos más bajos e inclinados, la sensación es diferente: “Le baja un poco la escala a una casa que, de otro modo, sería muy alta”.

