
Patrick Frey abre las puertas del piso haussmanniano en París donde vive desde hace décadas
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“Por contradictorio que parezca, mi padre me enseñó que para ‘ver’ si una tela está bien, hay que tocarla siempre con los ojos cerrados. Un método tal vez irracional, pero infalible”, nos dice Patrick Frey, que a los 22 años entró a Pierre Frey, la firma fundada por su padre en 1935. Pero si hablamos de vista y visión, también las forjó gracias a su madre, Geneviève Prou, decoradora e hija del célebre diseñador René Prou, que le enseñó a ver arte y arquitectura en múltiples viajes por Europa.
Por Inés Marini

