
Con la compra de su primer departamento llegó el desafío: cómo potenciar un único ambiente sin roperos ni lugar de guardado para que vivir ahí sea un placer
Cuando Franco contactó a la Arq. Malena Ungaro, de Ungaro Estudio, para ir a ver su departamento, acababan de entregarle las llaves. Con 28 años, estaba comprando su primera propiedad y -lejos de estar ansioso- quería resolver varias cosas antes de entrar.

Él estaba relajado, quería tenerlo lindo antes de mudarse. Lo primero fue tomarse el tiempo para ver bien el proyecto y definirlo y, después sí, empezamos una intervención por etapas.”
— Arq. Malena Ungaro, fundadora de Ungaro EstudioSoluciones de diseño
“Como suele ocurrir en este tipo de desarrollos, él había recibido un departamento completamente vacío, con una cocina básica, sin soluciones de guardado ni identidad”, resume la arquitecta.

“Empezamos por el mueble divisorio que era la apuesta más importante”, explica la arquitecta. Es que más allá de las motivaciones estéticas, había algunas cuestiones urgentes que resolver: la falta de espacio de guardado y la necesidad de organizar el ambiente para que cumpla mejor sus funciones, las principales.

“El cliente se animó a la isla en la cocina y fue un acierto rotundo porque sumó no solo guardado sino también dinámica. La barra funciona como espacio de trabajo y como lugar de encuentro para recibir invitados”

A nuevo
Desde el sillón y la mesa hasta las cortinas, las luces e incluso los enchufes, poco y nada de los 31 metros del departamento quedó sin intervenir.

“Fue una obra en etapas: empezó por el mueble divisor y la isla; después hizo el recibidor, el sofá y la mesa ratona y, por último, el respaldo de la cama”, resume Ungaro.

“La idea del estuco surgió buscando una alternativa para jugar con la textura. Me parecía un lindo recurso que iba a sumar profundidad e implicaba una inversión mínima frente a otras alternativas de revestimientos, como la madera”.

La idea desde un principio fue mantener la estética masculina, con una paleta que se ajustara al estilo del dueño. “Nos fuimos a los tonos más grises y negros, con los que él se sentía representado”, asegura.

Forma y función
“El departamento tenía el gran desafío que se da en la mayoría de los monoambientes: lograr dividir los espacios sin que eso implique resignar luz”, explica.

Si bien partían de la base de que había ventanas en ambos lados, la del cuarto (que además tiene un balcón) era la que ofrecía por su orientación la mejor luz.

“La idea fue no bloquear el ingreso de luz con un mueble de piso a techo, pero a la vez necesitábamos que tuviera ciertas dimensiones porque sería el único lugar de guardado para la ropa”.

“La idea fue que separe, sume guardado y garantice cierta intimidad pero que también fuera un aporte estético”, explica. Hecho en MDF laqueado con todas las puertas y cajones ranurados, el diseño aprovechó al máximo la parte alta y la base, pero dejó abierto el espacio central para ganar luz y amplitud.

“Este proyecto muestra cómo, con decisiones de diseño estratégicas, un monoambiente puede multiplicar sus posibilidades sin aumentar los metros cuadrados”, concluye Malena.

