
En el pueblo mallorquín de Port d’Andratx, una diseñadora de interiores se embarcó en este exitoso proyecto familia: una casa con vistas que se pierden en el horizonte y de la que todos se van pensando en volver.
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Tras años de venir con su familia a Port d’Andratx, uno de los destinos de vacaciones preferidos por los españoles, Maite López-Fonta encontró un terreno con vista a la isla de Dragonera, donde podía hacer pie y construir la casa de sus sueños. Para hacerlo realidad, contrató a su hermana, la interiorista y diseñadora de objetos de metal Elena López-Fonta. Juntas, planearon al detalle esta casa que tenía dos premisas básicas: que fuera amplia, cómoda y que desde ningún lugar se perdiera de vista el mar.
Por Sol van Dorssen

