
Buenos Aires está llena de ellos: edificios que, desprovistos de ornamentos y cúpulas, resistieron la piqueta, pero sufrieron “modernizaciones” tan feroces que sólo observando con mucha atención la imagen antigua se reconoce que son el mismo lugar.
Las cúpulas tienen filtraciones. Las ménsulas requieren mantenimiento. Las guirnaldas se desprenden y pueden provocar accidentes en la vía pública, al igual que los balcones. Es la crónica de una muerte anunciada y la historia del patrimonio edilicio de la ciudad: los edificios que no sucumben al progreso acaban “planchados”, un término de la jerga que ilustra perfectamente lo que sucede cuando, para evitar erogaciones en mantenimiento, los consorcios o autoridades locales deciden despojarlos de sus ornamentos. Estos son cinco ejemplos en distintos barrios de Buenos Aires.

