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“Los dueños son unos grandes especuladores”; “el tano ha dispuesto mandarse mudar y dejar la negra con la cría parada”; “los dueños precisan macucos”; “el que compre este terreno ganará un platal, con este negocio tiene suficiente para no trabajar nunca durante su vida dándose una vidurria de conde”. Estos son algunos de los epítetos con los que el rematador Hermenegildo Baizán se hizo fama en una época en que no sólo no había redes sociales, ni televisión, ni radio, sino que los diarios no tenían fotografías ni ilustraciones.




