
Una bula papal permitió este caso único; la capital de Aragón atesora, además, un bellísimo “palacio de la alegría” de estilo morisco y un museo de origami
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“El Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar, la Virgen está dormida, no la quiere despertar...”, dice un popular pasodoble. Ciertamente, el río corre pegado a la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Pilar y a la Catedral del Salvador. Sí, dos catedrales y juntas en Zaragoza.
Por Hugo Mouján

