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Mariana tiene 38 años, trabaja como empleada administrativa y se define como alguien “más o menos hipocondríaca”. Una noche sintió un dolor en el pecho que no reconocía. En lugar de llamar a su médico, abrió ChatGPT: “Le describí el dolor, le dije mi edad, que estaba estresada. Me dio una lista de posibilidades que iban desde una contractura hasta un infarto. Terminé llorando en la cama a las dos de la mañana, convencida de que algo grave me estaba pasando”, recuerda. Al día siguiente, en la guardia médica, le confirmaron que se trataba de una tensión muscular.



