
Si bien no hay un límite exacto desde la pediatría, hay indicadores a tener en cuenta, como la comodidad y el fomento de la autonomía
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Mía tiene 6 años, una habitación para ella sola y una cama con un acolchado de Elsa, la princesa de Frozen, en la que duermen sus muñecos. Todas las noches ella se acomoda entre mamá y papá, formando una tríada que rara vez se mantiene, porque a pesar de que la cama es grande, alguno de los adultos amanece casi siempre en la habitación de Mía, rodeado de peluches y acusando algún dolor como consecuencia de una mala postura.
Por Laura Reina
