
La investigación atravesó errores, pistas ignoradas y escándalos policiales hasta llegar a un arquitecto que llevaba una vida aparentemente normal en Long Island
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La sala estaba en silencio cuando el hombre de casi dos metros entró escoltado por oficiales y se ubicó frente al juez. Vestía un traje oscuro, una corbata azul y mantenía la mirada fija hacia adelante. Detrás suyo, en los bancos del tribunal, familiares de mujeres desaparecidas se acomodaban en silencio mientras fotógrafos y cronistas intentaban registrar cada movimiento.

