
Mario Segovia fue uno de los principales actores de una trama de contrabando de más de 40 toneladas del precursor químico usado para fabricar metanfetaminas
Después de haber sido detenido en el Aeroparque Metropolitano, el 23 de noviembre de 2008, cuando estaba a punto de abordar un vuelo hacia Puerto Iguazú con su hermano, Mario Roberto Segovia no dejó de clamar por su inocencia. Hacía frente al apodo que le habían puesto los investigadores que lo habían puesto tras las rejas y repetía ante quien quisiera oírlo: “¡No soy narco, soy el rey del trabajo!”. Explicaba que era víctima de la envidia de una sociedad “retrógrada” como la rosarina, que no le perdonaba ser tan joven y tan rico. Un poco fanfarroneaba: atribuía su “suerte” a saber aprovechar las oportunidades. “Hay un mundo de posibilidades, sobre todo en el exterior; el que quiere hacer dinero, lo hace”, pontificaba.

