
Dedicados al tráfico de cocaína y de armas, montaron una serie de pantallas para legitimar sus actividades; un tuit de agradecimiento del excampeón mundial Tyson Fury les dio una sobreexposición que los llevó al ocaso
Cuando selló el acuerdo para la realización de un combate entre Tyson Fury y Anthony Joshua, el duelo entre dos de los máximos pesos pesados británicos de todos los tiempos, el irlandés Daniel Kinahan llegó al lugar público donde siempre había deseado estar: como el promotor de la más épica batalla entre pugilistas de Gran Bretaña. Pero su fanatismo por el boxeo y su ánimo de figuración apenas ocultaban el verdadero motor de sus actividades: su clan mafioso, del que él integraba la segunda generación, era una verdadera usina de tráfico de armas y drogas, con operaciones calculadas en más de mil millones de dólares.

