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Restaurante y confitería, con un sitio especial para orquesta, el Pabellón de los Lagos tenía una ubicación inmejorable en el primer parque público del país. Era en aquellos tiempos el paseo predilecto de las clases medias y altas de principios del siglo XX, el sitio al que concurrían para almorzar o tomar el té principalmente los fines de semana. También era el sitio preferido para banquetes y para reuniones diplomáticas desde donde se apreciaba el esplendor de Buenos Aires.

