
Hace 28 años, Horacio “El Negro” Cortés cruzó por primera vez el umbral y subió las escalinatas en las que ahora se sienta como si fuera su casa
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Para ser dueño hay que actuar como uno. Entre las columnas doradas del hall del Teatro Maipo, Horacio “El Negro” Cortés rinde honor a la premisa. Viste de smoking, de su ojal cuelga un prendedor con forma de avión y un moño azul le cubre el cuello de la camisa. Se mueve orgánico, elegante y servicial por las alfombras rojas, los telones de terciopelo y las puertas centenarias de madera de la sala. El mostacho se mezcla con su sonrisa cuando da la bienvenida al histórico centro de la cultura porteña. Está en su casa.
Por Jesús Allende

