
Se estima que el cuatro por ciento de la población de los Estados Unidos tiene esta compulsión conocida como tricotilomanía; los expertos advierten sobre graves consecuencias físicas y emocionales
WASHINGTON.- Hace 20 años que convivo con una misteriosa compulsión: me arranco el pelo. Todo empezó cuando tenía ocho años. Un día, sentada en el sofá, tensa e inquieta, descubrí un pelo de mis cejas que me pareció fuera de lugar. Lo apreté firme con la punta de dos dedos y tiré. De pronto, la sensación de calma me bajó por el pecho, y sentí un cálido hormigueo en los brazos que me llenó de bienestar. Volví entonces a la ceja, tiré una y otra vez, y con cada pelo arrancado mi sensación de trance se profundizaba. En menos de 30 minutos, mis cejas habían desaparecido casi por completo.

