
Las calles aledañas al Congreso de la Nación, donde conviven bares notables y cines y teatros históricos, se han ido adaptando a un contexto de creciente pobreza
Persiana con candado y portón al ras de la vereda: en la zona del Congreso, de noche, se toman precauciones. Alguna vez, hace unos años, al relojero Fernando del local Wendy, en Rivadavia y Rodríguez Peña, le quisieron llevar la vitrina exhibidora completa de cinco estantes. Cuatro o cinco personas lo entretenían, y uno le descolgó la vitrina. El mozo Chiche, del bar Whoopies, en la misma esquina, se percató del movimiento y dio la señal al relojero. “Pegó el grito y uno salió corriendo por Rodríguez Peña. Me dejaron la vitrina en el piso, y fue solamente el susto”, recuerda el relojero, curado de asombro.

