
León XIV y los argentinos: opiniones contrastantes frente a la visita y un tema como prioridad
Un estudio de la UBA analiza las expectativas sobre la llegada del Papa; diferencias entre el AMBA y el interior del país; perspectiva social más que religiosa
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La anunciada llegada de León XIV al país despierta expectativas muy diferentes entre los argentinos. Mientras prácticamente la mitad considera importante su visita, la otra mitad le atribuye poca o ninguna relevancia. Sin embargo, detrás de esa división aparece una coincidencia: la principal demanda hacia el Pontífice no está relacionada con la doctrina ni con los asuntos internos de la Iglesia, sino con la pobreza. La preocupación social atraviesa incluso a los jóvenes, que muestran un menor interés por el acontecimiento religioso, pero son quienes más esperan que el Papa intervenga frente a las desigualdades.
Así lo revela el Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina 2026, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (Ocrear), perteneciente al Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Según el relevamiento, el 49,3% de los argentinos considera algo o muy importante la visita de León XIV, mientras que el 50,7% la juzga poco o nada relevante. La pobreza concentra el 43,2% de las prioridades señaladas para su pontificado y la paz internacional, el 20,6%. Juntas reúnen el 63,8% de las respuestas, por encima de las cuestiones doctrinales e institucionales.
Juan Cruz Esquivel, director del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina y autor del estudio, planteó en diálogo con LA NACION que estos resultados reflejan transformaciones profundas en las formas de creer. Durante buena parte del siglo XX, el catolicismo constituyó una referencia cultural mayoritaria, incluso para quienes no participaban regularmente de la vida eclesial. Actualmente, en cambio, las personas construyen sus creencias y desarrollan prácticas espirituales cada vez más alejadas de las estructuras religiosas formales, un proceso de individuación de la fe que ya habían identificado los informes anteriores de la entidad.
Para el investigador, la pérdida de centralidad institucional de la Iglesia no necesariamente implica una disminución equivalente de la relevancia pública del Pontífice. “Una persona puede considerar valiosa su presencia sin querer acercarse a la misa, a una parroquia o a la doctrina”, sostuvo. En ese sentido, diferenció la legitimidad pública que construyó Francisco y la que podría alcanzar León XIV, de la capacidad de la institución para generar pertenencia religiosa. Así, advirtió, la aprobación de una visita papal no debería interpretarse como una señal de reactivación del catolicismo, ya que también constituye un acontecimiento histórico con implicancias políticas y sociales.
El estudio se realizó el mes pasado sobre una muestra representativa de 801 personas de 16 años o más, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Centro, Cuyo, Noreste argentino (NEA), Noroeste argentino (NOA) y la Patagonia. Uno de los contrastes más pronunciados aparece, precisamente, al comparar las respuestas según el lugar de residencia. En el AMBA, apenas el 35,5% considera importante la llegada del Pontífice, mientras que en el resto del país esa valoración asciende al 56,2%.

La brecha de 20,7 puntos porcentuales vuelve a manifestarse cuando se consulta por la posibilidad de que la visita produzca un acercamiento personal a la religión o la espiritualidad: el 22,1% de los habitantes del AMBA tiene esa expectativa, frente al 42,1% de quienes viven fuera de esa región.
Esquivel aclaró que estos resultados no deberían interpretarse como una simple oposición entre un interior religioso y un AMBA secularizado. El primer informe del Barómetro había identificado que el 26,1% de la población metropolitana no tenía filiación religiosa, por encima del promedio nacional, pero esa variable no alcanza para explicar las diferencias. También podrían intervenir las tradiciones familiares, las formas de sociabilidad y la presencia territorial de las comunidades religiosas, especialmente en localidades donde las parroquias y otras organizaciones forman parte de la vida cotidiana.
“El territorio no es simplemente un lugar de residencia: organiza experiencias sociales, vínculos, identidades y modos de relacionarse con las instituciones”, explicó. Según su análisis, las transformaciones religiosas no ocurren de manera uniforme en el país y la brecha no se limita al reconocimiento público del Papa.
La pobreza como prioridad y la paradoja de los jóvenes
La cuestión social ocupa el centro de las expectativas sobre León XIV. La pobreza encabeza las prioridades con el 43,2%, seguida por la paz internacional, con el 20,6%. A mayor distancia aparecen la transparencia de la Iglesia (9,7%), las migraciones (6,9%), el medio ambiente (5,1%), la doctrina (4,6%), los abusos sexuales (4,2%) y la familia (2,9%). La inteligencia artificial (1,7%) y el diálogo interreligioso (1%) completan las respuestas.
“La sociedad no parece estar demandándole a León XIV, en primer término, que resuelva cuestiones internas de la Iglesia o que refuerce aspectos doctrinales. Le está pidiendo que intervenga sobre problemas que afectan la vida colectiva”, señaló Esquivel. Para el investigador, los resultados permiten identificar una expectativa de liderazgo social y humanitario que trasciende las funciones religiosas y reconoce al pontífice como una figura capaz de instalar problemas en la agenda pública y formular cuestionamientos éticos frente a las injusticias.
La pobreza adquiere una relevancia todavía mayor entre los habitantes del AMBA, donde alcanza el 50,9%, y entre las personas de menor nivel educativo, con el 45%. Esquivel consideró razonable que las experiencias de vulnerabilidad y la percepción de las desigualdades influyan en esas prioridades, aunque aclaró que los datos no permiten establecer una relación causal. También destacó la influencia del pontificado de Francisco, durante el cual la exclusión, las migraciones y las condiciones de vida de los sectores vulnerables ocuparon un lugar central en el discurso público. Ese legado, sumado al contexto económico y los conflictos internacionales, constituye una referencia inevitable para las expectativas depositadas en su sucesor.

El contraste más significativo aparece entre los jóvenes de 16 a 29 años. Apenas el 39,8% considera importante la visita y solo el 27,6% cree que podría acercarlo mucho o bastante a la religión o la espiritualidad. Sin embargo, el 49,2% señala la pobreza como la principal prioridad del Papa, el porcentaje más elevado entre los grupos etarios. En cambio, la paz internacional es mencionada por el 12% de los jóvenes, frente al 24,8% de las personas de 30 a 49 años y al 23,6% de quienes tienen 50 años o más.
Para Esquivel, esta combinación no representa una contradicción. Los jóvenes pueden mantener una distancia respecto de las instituciones religiosas y, simultáneamente, reconocer la importancia de su intervención frente a los problemas sociales. El primer informe del Barómetro ya había mostrado que, entre los 16 y los 29 años, la identificación católica alcanza el 44,6%, mientras que la ausencia de filiación religiosa llega al 31%, los niveles más bajo y más alto, respectivamente, entre los grupos etarios.
El investigador vinculó estos resultados con el recambio generacional de las identidades religiosas, aunque advirtió que las diferencias sociales, educativas, territoriales y biográficas impiden hablar de una juventud homogénea. El distanciamiento institucional tampoco supone que desaparezcan las inquietudes vinculadas con la justicia, la solidaridad o el sentido de la vida, sino que pueden encontrar otros espacios de expresión. “La pregunta para la Iglesia es si puede establecer una relación significativa con quienes no necesariamente buscan en ella una respuesta religiosa, pero sí esperan que intervenga frente a problemas que consideran fundamentales”, consideró.
Mujeres, generaciones y el posible impacto de la visita
Las diferencias por género también muestran que la relación con la figura pontificia no se distribuye de manera uniforme. Entre las mujeres, el 53,7% considera importante la llegada de León XIV, frente al 44,5% de los varones. La distancia aumenta al consultar por un eventual acercamiento religioso o espiritual: el 42,2% de ellas cree que la visita podría producirlo mucho o bastante, mientras que entre los hombres esa expectativa alcanza el 28%. La valoración positiva también crece con la edad: entre las personas de 50 años o más llega al 58,3%, y el 38,4% de ese grupo espera un acercamiento espiritual, una proporción similar al 39% registrado entre quienes tienen entre 30 y 49 años.
Esquivel explicó que estas diferencias son compatibles con tendencias identificadas en investigaciones anteriores del Barómetro, que registraron una mayor identificación religiosa entre las mujeres y una proporción superior de personas sin filiación entre los varones. Las experiencias familiares, la transmisión de las creencias y las trayectorias de socialización religiosa podrían contribuir a explicar esos contrastes, aunque los resultados descriptivos no permiten determinar sus causas. En el caso de los mayores de 50 años, la valoración de la visita podría relacionarse con una etapa histórica en la que el catolicismo tenía una presencia más extendida en la vida social y cultural, a diferencia de las generaciones más jóvenes, que crecieron en un escenario de mayor diversidad de pertenencias y prácticas espirituales.
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