
Con un origen difuso, esta leyenda de principios de siglo XX se cuela en la historia de la calle Florida, que nació con la fundación de Buenos Aires
Puede que su presencia sobresalte a algún desprevenido una noche de estas. Una figura pequeña, con el pelo recogido, vestido, zapatos con moño y medias altas, que se asoma en las primeras cuadras de la calle Florida desde Diagonal Norte. Su modus operandi es siempre el mismo: espera el anochecer, a veces entrada la madrugada, para hacerse visible a algún testigo solitario. A ella se refirió Jorge Luis Borges en un artículo que escribiera para el diario La Prensa en 1929 sobre el médico y escritor inglés –un reconocido erudito del siglo XVII– Sir Thomas Browne, de quien era un admirador confeso. Se cree que de esta mención al pasar que hace Borges en ese texto surge este mito urbano. Aunque otros consideran que fue Antoine de Saint-Exupéry, que vivió en una de las galerías sobre Florida durante más de un año, entre octubre de 1929 y marzo de 1931, quien difundió el relato.

