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A la noche, cuentan, se escuchan voces de los muertos por la epidemia de fiebre amarilla de 1871
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Mitos de la ciudad: una peste, un tren de la muerte y un cementerio extinto asolan el Parque Los Andes, en Chacarita

En 1871, cuando arreciaba la fiebre amarilla, se creó una necrópolis provisoria para receptar los fallecidos por la epidemia; años después, allí se inauguró el espacio verde; los vecinos advierten que se escuchan las voces de espectros que aún advierten sobre los peligros de la enfermedad que los llevó a la tumba

En 1871, cuando arreciaba la fiebre amarilla, se creó una necrópolis provisoria para receptar los fallecidos por la epidemia; años después, allí se inauguró el espacio verde; los vecinos advierten que se escuchan las voces de espectros que aún advierten sobre los peligros de la enfermedad que los llevó a la tumba

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Aquellos desprevenidos que se sienten por la tarde noche a estirar las piernas o a descansar un poco en alguno de los bancos del Parque Los Andes en el barrio de Chacarita podrán sobresaltarse al escuchar voces. Dice el mito que en las dos manzanas comprendidas entre Dorrego, Guzmán, Concepción Arenal, Jorge Newbery y Corrientes, donde funcionó el viejo cementerio, las almas de los muertos por la fiebre amarilla aún intentan llegar al mundo de los vivos para alertar sobre las consecuencias de la peste, esa misma que parecía respirarse en el aire y que los llevó a la tumba. Por esta razón, los susurros procuran alejar a todo aquel que se detenga más de lo conveniente, como una forma de prevenirlos y de ahuyentar la muerte.