
Tres príncipes británicos visitaron el lugar donde se jugó el primer abierto de polo del mundo; entre las reliquias de Hurlingham, se atesoran casas, estaciones históricas y el sitio donde Luca Prodan “desayunaba” ginebra
Llegó a ser conocida como la “perla del oeste”. Ya desde sus inicios, hace más de 100 años, cuando Hurlingham eran tan solo un suburbio rural de Morón, el barrio que los inmigrantes británicos levantaron allí desentonaba con el resto de la zona: sus casas con techos a dos aguas, sus cercos bajos de madera, sus calles con nombres como Churchill, Londres, Canning. Los primeros habitantes, muchos empleados ferroviarios, fundaron bares de hombres, colegios de prestigio nacional e internacional y jugaron deportes hasta entonces inexistentes en el país.
