
Fue construida entre 1956 y 1962 por Elvio Vera; allí, sus hijos y nietos mantienen vivo el recuerdo de ese inmigrante español que soñó con que su legado perdurará en el tiempo
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Gonzalo Sáenz tiene 32 años y hace cuatro que vive en Barcelona. Él lleva en su brazo su, hasta ahora, único tatuaje, hecho tras tantas postergaciones y motivado por la muerte de su abuela Irene Rosso, en 2021, a los 93, por Covid-19, una noticia que había recibido en Europa. Los trazos en su piel son de un molino, el del legado de sus abuelos, un lugar que evoca su propia vida.
