
Había nacido en la India de padres británicos, emigró a Estados Unidos y trabajó en Shell, pero lo echaron y decidió entrar en el negocio informático; su ascenso y su caída dejan lecciones duraderas
Se le atribuye a Adam Osborne el haber lanzado al mercado la primera computadora personal portátil exitosa de la historia. Esto es cierto. Se le atribuye también una frase visionaria: “El futuro está en diseñar y fabricar computadoras que la gente no se dé cuenta de que son computadoras”. Los smartphones son un ejemplo. Los seguimos viendo como teléfonos, pero son computadoras de propósito general, miles de veces más potentes que las primeras PC, solo que los llevamos en el bolsillo y los usamos para tareas que ya no interpretamos como computacionales. Lógico. Todo es computacional hoy.
Pero Adam es conocido asimismo por algo llamado el Efecto Osborne, que es el resultado de una serie de malentendidos, algunos oportunamente saldados, pero que de todos modos quedaron adheridos al inconsciente colectivo de la industria tecno y de los negocios en general. En pocas palabras, se supone que Adam, al anunciar prematuramente un nuevo modelo de su exitosa primera computadora portátil, hizo que los clientes decidieran esperar ese nuevo equipo, las ventas del que estaba en los comercios se desplomaron y su empresa quebró. Bueno, eso es falso. El Efecto Osborne no existe (o, si existe, no tiene nada que ver con este pionero de la informática), y en unos minutos veremos qué ocurrió en realidad para que este emprendimiento extraordinario, que trepó hasta vender 10.000 máquinas por mes, se viniera abajo tan estrepitosamente.
Un despido auspicioso
Adam Osborne nació el 6 de marzo de 1939 (esto es seis meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial) en Bangkok, Tailandia. Sus padres eran británicos, y tal fue su nacionalidad. Para cuando la guerra era un hecho, se habían mudado a Tiruvannamalai, en el sur de la India (Tailandia se alió con Japón durante la guerra y los aliados bombardearon Bangkok en varias oportunidades). En 1950 regresaron a Inglaterra, justo en el límite entre la primaria y la secundaria de Adam; el chico terminó sus estudios básicos en una nación para él muy nueva y muy diferente, y luego se graduó como ingeniero químico en la Universidad de Birmingham. Se casó con su novia estadounidense, Cynthia Geddes, y emigró para obtener un doctorado en la Universidad de Delaware, en Estados Unidos, que todavía conserva una página en memoria de este alumno que dejaría una marca en la historia. Volvería a contraer nupcias y volvería a divorciarse, esta vez con Barbara Burdick.
En 1968, encontró el destino previsible para un ingeniero químico y recaló en la petrolera Shell, en California, Estados Unidos. Tuvo suerte, sin embargo. Lo echaron.
Ese fue también el año en el que se fundó Intel, cuyo destino, también histórico, pronto se cruzaría con el de Osborne. Desempleado, pero habiendo aprendido a escribir código en la Universidad de Delaware, tuvo una idea, y fundó en 1972 una empresa para publicar documentación sobre estas tecnologías nuevas, emergentes, raras. Se llamó Osborne and Associates, y muy pronto General Automation (una compañía creada por un ex Honeywell, Larry Goshorn) le encargó los manuales para una de las líneas de minicomputadoras que fabricaba. Esto puso a Osborne en el radar y cuando Intel lanzó el primer microprocesador comercialmente disponible del mundo, el 4004, le encargó a Adam la documentación. No eran manuales de usuario, en este caso, sino información para implementar un dispositivo con este chip revolucionario.
Empezaba la década fundacional de la computación personal, la del ‘70. Basta mirar las fechas. En 1971 nace el cerebro electrónico. En 1975 se funda Microsoft. En 1976 Wozniak y Jobs arrancan con Apple, y en 1977 lanzan la Apple II, una de las dos primeras computadoras personales de la historia (la otra, la IBM/PC, saldría en agosto de 1981). En 1977 Osborne publicaría su best-seller Introduction To Microcomputers, que vendió 300.000 ejemplares.
Estaba en el momento justo y con la idea correcta. Cuando todo el mundo se desvelaba por entender esta nueva revolución técnica, Adam ofrecía algo muy difícil de conseguir. Esto es, documentación precisa y fácil de comprender. Por eso, en 1979, la célebre editorial McGraw-Hill compró Osborne and Associates. Su nombre era ya una marca establecida, razón por la que el comprador no lo abandonó y su nueva línea de volúmenes técnicos salió con el sello Osborne/McGraw-Hill. Así apareció la segunda edición del best seller de Osborne, que es el que más fácilmente se consigue hoy. (Dicho sea de paso, también parece que hay copias de la primera edición, a 15 dólares.)
Debajo del asiento, por favor
Ahora tenía el capital para emprender alguna otra cosa. Y como desde más o menos 1975 era un visitante asiduo de la West Coast Computer Fair (el mismo lugar donde Wozniaz y Jobs se habían conocido poco antes), una idea empezó a formarse en su mente. Las computadoras no solo debían ser accesibles, sino también portátiles. Tras hablar con Lee Felsenstein, uno de los fundadores (en realidad, no hubo exactamente una fundación; pongamos que fue uno de los tres primeros miembros) del Homebrew Computer Club, una organización cardinal en la historia de la computación personal, Adam decidió dedicar su capital a la creación de una computadora personal portátil. Felsenstein sería su diseñador, y sería brillante. Esto fue en 1980, y un año después, en abril de 1981, cuatro meses antes del lanzamiento de la IBM PC, el mundo asistía perplejo a un acontecimiento insólito. Podías tener una computadora de tan solo 11,1 kilos; es decir, del tamaño de una valija (en el imaginario colectivo, una computadora era algo al menos tan grande como un mueble). Estaba pensada, es más, para llevar debajo del asiento del avión. Pero tenía todavía otro as en la manga.
La Osborne 1, como se la conoció, venía con software de oficina preinstalado (¿suena conocido?) y hasta traía un módem. La pantalla era minúscula para nuestros estándares, de 5 pulgadas (o sea, más chica que la de tu celular), y 11,1 kilos no es lo que hoy entendemos por una máquina portátil. Pero han pasado más de 40 años. En aquel momento, su visión fue que una persona pudiera llevar este equipaje informático a todas partes, escribir textos en Wordstar, crear planillas de cálculo en SuperCalc y hasta programar en BASIC, con la posibilidad de comunicarse mediante un módem (Internet nacería dos años más tarde, pero las telecomunicaciones de datos ya existían). Todo eso, por 1795 dólares de 1981 (6300 de hoy); era algo revolucionario. El teclado estaba en la tapa de la computadora, que al abrirse exponía la pantalla, dos disketteras, los controles de brillo y contraste, un puerto de comunicaciones seriales (etiquetado MODEM), un puerto RS232 y otro IEEE-488 (mejor conocido como Hewlett-Packard Interface Bus). Había también una salida de video y el botón de Reset. No usaba DOS, que todavía se estaba cocinando, sino el mucho más difundido CP/M de Digital Research.
El diseño de Felsenstein era estupendo y la idea de Osborne llegó en el momento justo. La Osborne 1 fue un éxito instantáneo y muy pronto estaba vendiendo 10.000 equipos por mes.
La vida le sonreía, y entonces cometió un error. Pero ese error no tiene nada que ver con haber anunciado prematuramente un equipo mejor (es decir, lo que se conoce, inadecuadamente, como Efecto Osborne). Tiene que ver, como casi siempre, con la economía.
Bancarrota
En momentos tan fluidos como los inicios de la computación personal, hay algo que se debe dar por sentado, siempre. Cuando te va bien, alguien va a querer quedarse con tu negocio. Y para eso solo tiene que hacer una cosa: poner en el mercado un producto mejor a un precio más bajo. Perdón, quizá me apresuro. Si no es mejor, tampoco es muy importante. Con que haga aproximadamente lo mismo, pero cueste menos, el público que no pueda comparar el modelo más costoso irá por ahí.
Es lo que pasó con la PC de IBM. Se la comieron los clones, que no estaban tan bien fabricados ni eran igual de estables, pero costaban la mitad. Apple decidió cortar por lo sano, prohibiendo los clones (salvo durante un breve y caótico período). Por eso, hasta que salió el iPhone, sus computadoras solo tenían el 4% del mercado. El resto era de los clones de la IBM/PC.
Es verdad que Osborne anunció la segunda Osborne (se llamaba Osborne Executive), pero no lo hizo prematuramente; habló del nuevo equipo un mes antes del lanzamiento. Es verdad, asimismo, que dijo que abandonarían el CP/M por el DOS, con lo que sería compatible con todo lo que estaba saliendo para la exitosísima PC (que en un lustro estaría vendiendo no 10.000, sino 250.000 máquinas por mes). Pero el golpe letal vino, como casi siempre, de afuera.
Una compañía que había sido fundada por Non-Linear Systems, que a su vez había sido creada por Andrew Kay en 1952, salió a competir con la Osborne con su propio equipo portátil, llamado Kaypro II, que los veteranos recordarán bien. No usaba DOS. Eso no era lo importante. No todavía, al menos. La Kaypro II era, simplemente, 200 dólares más barata que la Osborne I y su pantalla era de 9 pulgadas. Peor aún, cuando salió la Executive, el público no solo descubrió que era mucho más costosa (2495 dólares), sino que su pantalla era de solo 7 pulgadas. Puede sonar demasiado simple, pero el caso es que muy pronto Kaypro estaba vendiendo 10.000 de sus computadoras portátiles por mes (o sea se quedó con el público de la Osborne I), mientras que Osborne languidecía casi sin clientes; había pasado a vender 1000 equipos por mes.
No hubo salida. La compañía de Adam tuvo que declararse en bancarrota solo seis meses después de lanzar la Executive. Que estaba mejor fabricada, que tenía casi el doble de memoria RAM que la Kaypro II (124 versus 64 Kilobytes), pero era muy cara y la pantalla (lo visible), notablemente más pequeña.
Había señalado el camino, sin embargo. Aunque su computadora era 60 veces más pesada que tu smartphone, hoy vivimos (literalmente) de acuerdo con los principios planteados por Adam Osborne. El celu es una computadora de propósito general accesible, portátil, con aplicaciones y telecomunicaciones integradas. Ni nos damos cuenta de que es una computadora, como anticipó Osborne.
El regreso a la India
Tras el desastre, Osborne fundó Paperback Software, porque creía (lo dijo públicamente muchas veces, y además tenía razón) que el futuro era el software. Pero entonces una de las prácticas más tóxicas de esta industria volvió a darle un golpe brutal. Lotus, la que hacía la planilla de cálculo para las PC de IBM (y que sería adquirida por el gigante azul en 1995) demandó a Paperback Software porque su planilla de cálculo, llamada VP Planner, tenía una fachada muy parecida a la del Lotus 1-2-3. Eso fue en 1990. Osborne renunció a su cargo de CEO de Paperback. En 1992 volvió a levantarse de la lona y fundó Noetics Software, que se dedicó a inteligencia artificial. Exactamente 30 años antes de ChatGPT.
Pero para entonces Adam ya empezaba a exhibir los síntomas de una enfermedad neurológica que lo llevaría a refugiarse con su hermana Katya en Kodaikanal, en el centro de la India, donde falleció a los 64 años, el 18 de marzo de 2003.



