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Los discos duros son una maravilla de ingeniería, pero no avisan antes de fallar, especialmente antes de fallar catastróficamente
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Fue casi un desastre, pero terminó bien y con varios programas de regalo

Estas cosas no avisan, y después no hay vuelta atrás; un susto, una lección y una yapa de lo más útil

Estas cosas no avisan, y después no hay vuelta atrás; un susto, una lección y una yapa de lo más útil

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Algo no estaba bien. Conocen la sensación; todo parece como siempre, pero sentís como una piedrita en el zapato, una lucecita roja en algún lado, titilando impertinente. Me explico: cada vez que daba doble clic a archivos en esa unidad de disco, tardaban una décima de segundo más de lo normal en cargar. Los volúmenes encriptados no abrían casi de inmediato, pese a ser una computadora de última generación. Me dirán que no hay que hacerse tanto problema por todo, todo el tiempo. Pero ya conocen mi lema, tomado del título de la autobiografía del gran Andy Grove, tercer CEO de Intel: “Solo los paranoicos sobreviven”. Y mi olfato me decía que en ese disco había algún problema. Créanme, llega un punto en tu relación con las computadoras en que el olfato es tu sentido más confiable; pregúntenle a cualquier veterano. Son muchas batallas, eso es todo.