Errores y melancolías del continente cansado
Vacía de contenido, Europa es ahora un parque temático para turistas, aunque aún sabe narrar el pasado con una belleza que otros envidian
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Hubo un tiempo en que Europa discutía a Dios, inventaba la imprenta, trazaba mapas del mundo y, cuando se cansaba de pensar, conquistaba medio planeta y se convertía en árbitro del otro medio. Produjo catedrales, sinfonías, teorías científicas y sistemas políticos que hoy otros imitan. Fue capaz de engendrar a Miguel Ángel, Vitruvio, Newton, Lutero, Velázquez, Napoleón y Beethoven. Tenía ideas y, cuando era preciso, mano dura. La decadencia no vino con invasiones bárbaras ni con ejércitos extranjeros, sino con PowerPoint, lenguaje inclusivo y regulaciones sobre el tapón de las botellas de agua mineral. La Europa que antaño dictó leyes al mundo asume ahora con naturalidad que otros hagan el trabajo serio. Incapaz de competir, se conforma con establecer normativas, a veces minuciosamente absurdas, para lo que otros fabrican y venden.



