
De monstruos a tiburones y payasos asesinos: los números sobrenaturales del cine de terror
En tiempos de Halloween, la publicación especializada Variety dio a conocer una encuesta que analiza el fenómeno del género; entre el espanto y la fascinación, cuáles son las películas que meten más miedo a los espectadores de las distintas generaciones -y por qué-
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Sabe el lector que en octubre se habla de cine de terror. Se arman listas (resolvamos esto: la mejor es El exorcista) y se recomienda toda clase de compendios de sustos y miedos varios. Lo interesante es que en el género cabe todo: hay comedias, musicales, westerns, ciencia ficción, dramas sociales, falsos documentales, documentales no falsos y lo que se le ocurra en cuanto a categoría, tamaño de producción, época, etcétera. Más que un género, el terror es un modo del cine. Y tiene una enorme particularidad: atraviesa fronteras con enorme facilidad. Incluso más: no hay cinematografía que no lo ejerza o haya ejercido. La gran pregunta sería “¿por qué?”. La gran respuesta es simplísima: porque es negocio. No es extraño, entonces, que una productora dedicada casi exclusivamente al género (Blumhouse, fundada en 2000 por Jason Blum y Amy Israel, responsables de éxitos como Actividad paranormal, La noche del demonio, Sinister, Freaky, La noche de la expiación, Fragmentado, ¡Huye!, o Feliz día de tu muerte, todas películas con vocación de clásico) haya encargado un estudio de mercado sobre el consumo horroroso. Las conclusiones son interesantes y exceden con mucho lo que podría imaginarse al respecto. También permite ver posibilidades para desarrollar cinematografías, pero no nos adelantemos.
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