
Del amor al terror: 10 joyas del cine para maratonear que desafían la necesidad de un final cerrado
Hay películas con elementos afines que pueden funcionar igual de bien con o sin un cierre definitivo; dónde verlas
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Aprendimos desde que nos contaban cuentos para dormir que las historias tienen un final definido. De hecho, nuestro cerebro está programado para “cerrar” las historias o pedir su cierre. El suspenso, que es la característica que nos permite seguir leyendo un libro o mirando una película, funciona sobre esa base totalmente fisiológica. Pero también aprendimos después de que nos dejaran de contar cuentos para dormir (en la cama ya sabemos que muchas veces nos cuentan cuentos, pero es harina de otro costal) que existen historias en las que lo que importa es el viaje. El final permanece abierto a la libre interpretación del lector o espectador. En última instancia, el “cierre” siempre es algo arbitrario. Orson Welles, ese gigantesco humorista, decía que el secreto de la comedia era detener la historia a tiempo porque si se continúa, finalmente los protagonistas morirán y eso, sabemos, es una tragedia. Pero el mismo criterio vale para el drama: continuarlo podría transformarlo en una sátira, por ejemplo. Lamento el spoiler pero, en última instancia, al final todos morimos, así que “cerrar” un relato antes de la corona con la tira “Tus amigos” es pura invención. De hecho, vamos a demostrar que películas con elementos afines pueden funcionar igual de bien con o sin “final cerrado”.
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