
Por qué Jason Statham es el actor que nunca nos defrauda
El protagonista de El transportador tiene varios títulos para ver y disfrutar en plataformas
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Podríamos decir que cada época deja un pequeño residuo que trasciende el paso del tiempo. En el cine, la última con influencia residual quizás haya sido la década de los ochenta, donde se inventaron (o, más bien, se reforzaron, reciclaron y redefinieron) muchas de las formas que fueron habituales después, desde la mezcla de géneros hasta el cine de puras sensaciones. Los ochenta, también, implicaron el reinado del héroe de acción. No porque no los hubiera habido antes (¿qué era, acaso, Errol Flynn?), sino porque se convirtieron en gigantes de músculos enormes, puntería infalible y cara de póker —o de perro. Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, por ejemplo, pero también Jean-Claude Van Damme o Chuck Norris. Algunas de esas películas eran buenas, buenísimas (Rambo o Depredador); otras, no tanto. El campo tenía tanta necesidad que hasta uno de estos tipos en realidad era un comediante que agarró un papel que no quiso hacer Tom Selleck, Bruce Willis con Duro de matar. Los héroes de acción le pasaban el trapo a los rusos, los terroristas y los extraterrestres; incluso resolvían El Salvador (Depredador), Afganistán (Rambo 3) y desataban la Perestroika (Rocky IV). De aquel tiempo quedó un heredero mucho menos musculoso, más atildado, menos sonriente (si cabe) y con menos pelo: el señor Jason Statham. Último avatar de la nobleza de la clase B, de la diversión a mansalva, del “buenos contra malos” bien definido, Statham todos los años nos regala una película de acción que nunca, jamás, es mala. Tampoco una obra maestra, para qué engañarnos, pero en todos los casos entretiene con buenas armas (la broma es intencional). Esta semana lo tenemos en El guardián: último refugio. Una de las ventajas de ese estreno es que podemos hablar del pelado Statham, un verdadero amigo.
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