
Pasó por Danzón, Casa Cruz y Faena; hoy comanda Aldo’s y muy pronto abrirá un megalocal en Mendoza
Los anteojos de marco grueso, el pelo cada vez más revoltoso, la barba dejando ver unas cuantas canas. Es Aldo Graziani, empresario gastronómico (más allá de que le disguste la palabra), sommelier ante todo, impulsor del vino argentino en cada espacio posible, en cada charla y emprendimiento. Es el dueño y cabeza de Aldo’s (restaurante y wine bar), es socio de Picsa (pizza porteña con calidad en los ingredientes), de Tora (cocina del sudeste asiático) y de Vini, un bar de vinos con Lucky Sosto al frente. Además, creó y conduce Bebop, uno de los principales clubs de jazz y música de todo el país. Tiene dos distribuidoras de vino (Aldo’s Vinos y Jarilla), elabora sus propias etiquetas (Tutu Wines, junto al enólogo Leonardo Erazo Lynch y al dibujante Miguel Rep). Y, como última novedad, acaba de firmar el alquiler de un megalocal en Mendoza donde encabezará dos propuestas: Cuyo estará en la planta baja, con restaurante y bar para más de 150 cubiertos, y Astor, en el subsuelo, con oferta de cena y shows de tango para el turismo que visita la capital del vino argentino. “Sigo siendo un sommelier. Armo las cartas de vino de mis lugares, voy todos los años a las catas de la revista Decanter para probar más de 100 etiquetas por día, incluso cada tanto me gusta salir a las mesas para ofrecer una botella en particular. Pero es verdad que me fui haciendo empresario, más bien a los ponchazos, aunque la palabra no me gusta demasiado. Generalmente pensás al empresario como alguien que está a cargo de una multinacional, pero yo soy solo un tipo que labura”, dice.
