
Nació en 1906 y a lo largo de más de un siglo fue fonda española, restaurante y billar; tras cerrar en pandemia, reabre con su espíritu original
“Restaurant – Cafetín”. Así se anuncia, en letra firuleteada, La Flor de Barracas, esa mítica esquina ubicada en el cruce de la avenida Suárez y la empedrada calle Arcamendia. Un bar centenario que muestra nueva conducción y futuro. Sobre cada mesa de madera hay flores, en un rincón aparece un tablero de ajedrez, las paredes están recién pintadas, un flamante aire acondicionado central convierte al espacio en un bienvenido refugio frente al calor. El lugar se ve renovado y, a la vez, respetuoso de lo que supo ser, una esquina de barrio, lugar de encuentro de vecinos y artistas, sin modernizaciones superfluas.
